Actualmente la percepción del envejecimiento a nivel global está cambiando radicalmente; durante el último medio siglo la expectativa de vida se ha transformado. Hace tan solo unas décadas el promedio en este parámetro apenas rondaba los 57 años y hoy supera los 76 en diversas regiones de América Latina. No obstante, este hito no solo significa un número, sino que ha marcado una reestructuración en las dinámicas sociales, modelos de negocio, salud pública y la noción del desarrollo individual.
Por ello, actualmente impera la necesidad de ver al envejecimiento desde una nueva perspectiva médica, a la que el Doctor Diego Bernardini, Médico de Familia con Máster en Gerontología, le ha denominado “Nueva Longevidad” y que se caracteriza por considerar diversos enfoques para el abordaje de salud en adultos mayores, como el económico, cultural, laboral y estructura de la comunidad.
De acuerdo con el especialista, uno de los principales errores que se comete al abordar el envejecimiento es encasillar la edad en un número, ya que limitarlo a un dato no mide los proyectos, las capacidades cognitivas, los deseos o el potencial de desarrollo de un individuo. Por ello, para comprender la longevidad actualmente es crucial dejar atrás los estereotipos en torno al envejecimiento que marcan que es una etapa pasiva y asociada a la dependencia y a la enfermedad.
Evidencias demuestran que gran parte de los adultos mayores pueden mantener autonomía y residir en sus propios hogares, así como tomar decisiones sobre su estilo de vida, afectos y consumos.
El Doctor enfatizó en que no hay una regla fundamental que defina a las personas de la tercera edad; no existen dos personas mayores iguales, pues en el curso de vida que han acumulado, cada uno ha tenido diferente trayectoria laboral, hábitos y vínculos, lo cual puede repercutir en las condiciones de rendimiento físico, actividad profesional o incluso vida afectiva y erótica que presentan cuando llegan a una edad avanzada.
Al respecto de cómo este nuevo abordaje de la vejez impacta en el mercado laboral, el experto comentó que en el siglo XX tradicionalmente la vida se percibía de una manera delimitada a tres etapas rígidas: estudiar, trabajar y jubilarse, idea que ha quedado obsoleta y se ha sustituido por una concepción contemporánea en la que los adultos mayores forman parte de las fuerzas de trabajo y el entorno corporativo, no siempre desde la capacidad física, sino también desde el desarrollo cognitivo, capacidad de gestión y en la resolución de problemas complejos. En este contexto, la integración de talento senior ofrece un valor agregado en la toma de decisiones.
Pero, así como en la época actual los adultos mayores están cada vez más presentes en el sector productivo, no se puede dejar de lado que también constituyen un factor importante en el consumo. Desde una perspectiva económica, la población mayor de 50 años representa el tercer mercado global en volumen de gasto e inversión, pero a pesar de esto continúan siendo uno de los grupos menos comprendidos y más subestimados por los departamentos de marketing y desarrollo de producto.
Diego Bernardini enfatizó en que un error recurrente en muchas estrategias de marketing es infantilizar o estereotipar a los consumidores de edad avanzada con publicidad y narrativas paternalistas. No obstante, en contradicción con esta visión, en la segunda mitad de la vida las pautas de consumo cambian, ya que el cliente mayor, más allá de responder a tácticas invasivas de venta, toma decisiones autónomas y basadas en la calidad, utilidad y valor real de una adquisición. Por lo que la necesidad de las empresas de adaptar la comunicación en productos a la realidad es imperativa si es que se quieren sumar a la nueva realidad social y construir relaciones comerciales sólidas y duraderas en una proyección de por lo menos 20 o 30 años.
Respecto al abordaje específicamente en la clínica, el Doctor remarcó que el paradigma dominante para la atención de adultos mayores debe sustituir la idea de vivir más tiempo hacia la maximización de años de vida saludable. Y subrayó que el objetivo prioritario de las políticas de salud no debe ser la extensión biológica a cualquier costo, sino la comprensión de la morbilidad para garantizar que en la etapa final de la vida una persona pueda estar libre de la discapacidad severa y dependencia prolongada.
El plan es claro para lograr este objetivo: el especialista hizo énfasis en tres ejes críticos que denominó como “las tres C”: cronicidad, comorbilidad y continuidad en los cuidados.
Estos parámetros permiten gestionar integralmente el padecimiento de larga duración, atención simultánea de múltiples condiciones de salud y garantizar un seguimiento médico constante y articulado.
Asimismo, detalló que la longevidad saludable o Nueva Longevidad no se improvisa a los 60 años, sino que se construye desde las primeras etapas del desarrollo. Actualmente problemas como la obesidad infantil y enfermedades metabólicas tempranas representan una amenaza directa para que los sistemas de salud se puedan sostener y al mismo tiempo contribuyen a formar futuros adultos mayores con un perfil epidemiológico complejo.
Por ende, las políticas de nutrición, actividad física y bienestar emocional no deben aplicarse solo a los adultos mayores, sino también desde las etapas de la juventud y niñez, ya que el bienestar en la madurez es multidimensional y se incluye el cuidado biológico, de calidad de sueño, preservación, proyectos de vida y la solidez que se tuvo desde siempre.
Finalmente, el experto en Nueva Longevidad hizo énfasis en la transición demográfica que está atravesando el mundo, ya que a mediados del siglo actual la humanidad llegará a un punto de inflexión, debido a la reducción en las tasas de fertilidad, la disminución en el tamaño familiar y el incremento proporcional de los adultos mayores, lo cual impactará directamente en cómo se conforman las ciudades y hogares.
Ante este panorama, el Doctor recalcó el concepto de ‘sociedad envejecida’, el cual no hace alusión a aquella con mayor cantidad de personas mayores en el censo, sino a la que es incapaz de adaptar sus instituciones, infraestructura y mentalidad a este cambio inminente; por ello es imperativo que la sociedad desde ahora inicie a percibir la vejez desde Nueva Longevidad y no desde el sesgo y el estigma.
La Nueva Longevidad constituye una de las transformaciones económicas y sociales más importantes en la época actual, por lo que la perspectiva en el área médica exige invertir en salud integral y diseñar modelos económicos e inclusivos. Las empresas, industrias, líderes y gobiernos que comprendan esta visión como un activo estratégico serán quienes encabecen el desarrollo y sostenibilidad en las próximas décadas.