Cambio climático y fragmentación ambiental elevan el riesgo de dengue y Zika

06 Noviembre 2026 María Fernanda Ochoa

La fragmentación de los ecosistemas y la disminución de las lluvias asociada al cambio climático incrementan el riesgo de brotes de dengue y Zika. Así lo revela un estudio publicado en septiembre de 2026 en la revista Nature, que analizó más de 58,000 brotes de 32 enfermedades infecciosas en 169 países.

La investigación también identificó una brecha en la vigilancia epidemiológica: por cada hora adicional de traslado hasta la unidad de salud más cercana, la probabilidad de que un brote sea reportado disminuye, en promedio, 32%. Este hallazgo evidencia cómo las dificultades de acceso a la atención médica pueden afectar la detección y el registro de enfermedades.

¿Qué factores favorecen los brotes infecciosos?

Investigadores de University College London (UCL), la Universidad de Florida y la Universidad de Yale evaluaron 16 factores sociales y ambientales, entre ellos la deforestación, el calentamiento global, la intensificación agrícola, la fragmentación del paisaje, los cambios en la precipitación y el acceso a servicios de salud.

El análisis, encabezado por Rory Gibb, del UCL People and Nature Lab, abarcó dos grupos de enfermedades:

  • Zoonosis de transmisión directa: coronavirus, ébola y mpox.

  • Enfermedades transmitidas por vectores: dengue, Zika, malaria y enfermedad de Lyme, propagadas por mosquitos, garrapatas y otros vectores.

Los resultados revelaron diferencias importantes en los factores que permiten anticipar la aparición de brotes.

Dengue y Zika: el impacto de los cambios ambientales

Las zonas con ecosistemas fragmentados y disminuciones prolongadas de lluvia presentaron un mayor riesgo de brotes de dengue y Zika.

El riesgo también fue más elevado en territorios donde las poblaciones humanas y el ganado conviven cerca de áreas forestales fragmentadas, condiciones que pueden favorecer el contacto con animales y vectores transmisores.

Aunque la relación entre sequía y dengue podría parecer contradictoria, una posible explicación es el almacenamiento doméstico de agua durante periodos de escasez. Los recipientes utilizados pueden convertirse en criaderos del mosquito Aedes aegypti. Sin embargo, esta explicación es una hipótesis complementaria y no un mecanismo demostrado por el estudio.

Zoonosis: cada enfermedad requiere una estrategia diferente

A diferencia de las enfermedades transmitidas por vectores, las zoonosis de transmisión directa no mostraron un patrón ambiental uniforme.

Factores como la deforestación, el calentamiento y la actividad agrícola tuvieron efectos distintos dependiendo del patógeno. Esto significa que no existe un único modelo ambiental capaz de predecir todos los brotes de enfermedades emergentes.

Los investigadores destacan que la transmisión de patógenos de animales a humanos, conocida como spillover, responde a múltiples factores socioecológicos. Por ello, las estrategias de prevención y vigilancia deben considerar las características de cada enfermedad y región.

Acceso a la salud: una brecha en la vigilancia epidemiológica

Uno de los resultados más relevantes para los sistemas de salud fue la relación entre la distancia a los servicios médicos y el registro de brotes.

El estudio encontró que cada hora adicional de traslado a una unidad médica reduce, en promedio, 32% la probabilidad de reporte de un brote. Esto implica que los mapas epidemiológicos pueden reflejar no solo dónde ocurren los contagios, sino también dónde existe mayor capacidad para detectarlos y notificarlos.

En comunidades alejadas, la falta de infraestructura, laboratorios y servicios médicos puede generar un subregistro de enfermedades, dificultando la identificación de riesgos y la distribución de recursos sanitarios.

¿Qué implicaciones tiene para México?

Aunque la investigación no presenta resultados específicos por país, sus hallazgos son relevantes para el contexto epidemiológico mexicano.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud difundidas por medios nacionales, México cerró 2025 con 21,981 casos confirmados de dengue y 85 defunciones. Aproximadamente 60% de los contagios se concentró en Sonora, Veracruz, Jalisco, Sinaloa y Guanajuato.

La presión sobre los ecosistemas, el estrés hídrico y las dificultades de acceso a servicios médicos en determinadas comunidades representan condiciones que requieren atención.

En particular, la distancia a las unidades de salud plantea un desafío para la detección oportuna. Los casos registrados en regiones remotas podrían no reflejar la totalidad de los contagios, aunque el estudio no cuantifica este posible subregistro en México.

Cinco prioridades para fortalecer la respuesta sanitaria

Los hallazgos ofrecen elementos para orientar decisiones de hospitales, laboratorios, proveedores de tecnología médica y autoridades sanitarias:

  1. Diagnóstico en el punto de atención: ampliar el acceso a pruebas rápidas para detectar arbovirus en comunidades alejadas.

  2. Telemedicina y conectividad clínica: facilitar la atención remota y la notificación digital de casos.

  3. Laboratorios regionales: fortalecer la capacidad de confirmación mediante PCR y serotipificación fuera de las principales ciudades.

  4. Inteligencia epidemiológica: integrar información sanitaria con datos ambientales sobre precipitaciones y uso del suelo.

  5. Control vectorial y preparación hospitalaria: reforzar la disponibilidad de insumos, camas y equipos de monitoreo ante incrementos de casos graves.

Estas líneas de acción representan posibles aplicaciones operativas de los hallazgos, más que intervenciones evaluadas directamente por la investigación.

Hacia una vigilancia epidemiológica más integral

El estudio identifica una relación consistente entre las transformaciones ambientales y el riesgo de determinadas enfermedades transmitidas por vectores. Sin embargo, reconoce que las zoonosis de transmisión directa requieren modelos de análisis específicos.

También advierte una limitación importante: los datos provienen de brotes documentados, por lo que las diferencias en el acceso a servicios de salud pueden influir en los patrones epidemiológicos observados.

Ante este panorama, los investigadores proponen fortalecer los sistemas sanitarios, mejorar la coordinación internacional y adoptar el enfoque One Health (Una Salud), que integra la salud humana, animal y ambiental.

La conclusión para el sector salud es clara: prevenir futuros brotes requiere comprender los cambios del entorno, pero también garantizar que las comunidades tengan acceso a los servicios necesarios para detectar y reportar oportunamente las enfermedades.

Referencias: 

  1. Calva PR. En 2025 se confirmaron casi 22 mil casos de dengue en el país; van 16 en este año. Excélsior. https://www.excelsior.com.mx/nacional/2025-confirmaron-22-mil-casos-dengue-pais-van-16-ano. Published January 20, 2026.
  2. Trinity College Dublin. New research shows how human impacts increase risk of emerging infectious disease outbreaks. https://www.tcd.ie/news_events/articles/2026/human-fingerprint-infectious-disease-outbreaks/.
  3. MacKenzie, M. (s. f.). Ecosystem Fragmentation and Declines in Rainfall Drove Up Risk of Diseases Spread by Animals to Humans. HPN Online. https://www.hpnonline.com/infection-prevention/news/55407840/ecosystem-fragmentation-and-declines-in-rainfall-drove-up-risk-of-diseases-spread-by-animals-to-humans

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