Ante un dilema ético y operativo sin precedentes, la industria de la salud demanda intervenciones quirúrgicas y servicios de alta especialidad.
Con un crecimiento exponencial en México y América Latina, la infraestructura hospitalaria tradicional continúa operando bajo modelos con una pesada huella ecológica. Históricamente, se ha asumido que los procedimientos de alta complejidad, el soporte vital intensivo y la gestión de quirófanos implican un costo ambiental inevitable; sin embargo, la evidencia científica más reciente demuestra que la excelencia médica y la responsabilidad climática son inseparables.
Los datos internacionales más sólidos al respecto —respaldados por The Institute for Healthcare Policy & Innovation (IHPI) de la Universidad de Michigan y The Lancet Planetary Health— revelan que el sector sanitario es responsable de aproximadamente el 4.4% de las emisiones globales netas de gases de efecto invernadero. Si el sistema de salud mundial fuera un país, sería el quinto emisor más grande del planeta.
Dentro de este engranaje, el área quirúrgica y, de manera específica, el manejo de la anestesia general y los gases inhalados representan un foco rojo de contaminación que urge transformar mediante la adopción de tecnologías clínicas de vanguardia.
Radiografía del impacto: gases anestésicos y operación quirúrgica
Para dimensionar el problema real en los quirófanos, es necesario analizar las cifras detrás de los agentes anestésicos halogenados y el óxido nitroso. Según estudios epidemiológicos globales sobre ventas y consumo de fármacos anestésicos en más de 90 países, publicados en The Lancet, los gases utilizados para inducir la pérdida de conciencia durante una cirugía poseen un potencial de calentamiento global exponencialmente superior al del dióxido de carbono (COâ‚‚).
- El factor de potencia atmosférica: El óxido nitroso (Nâ‚‚O), ampliamente utilizado como adyuvante anestésico, tiene una permanencia en la atmósfera de más de 100 años y un potencial de calentamiento global aproximadamente entre 273 y 300 veces mayor que el del COâ‚‚.
- El peso del desflurano: Entre los agentes halogenados inhalados, el desflurano ha sido catalogado históricamente como uno de los más nocivos debido a su alto potencial radiativo y su lenta eliminación.
Aunque en países de altos ingresos su uso se ha reducido drásticamente, con caídas superiores al 50 % en la última década, en regiones de ingresos medios y bajos su presencia en las máquinas de anestesia sigue representando un desafío ambiental crítico.
- La huella por procedimiento: Se calcula que una hora de anestesia general administrada con flujos altos de desflurano o isoflurano puede emitir a la atmósfera el equivalente a conducir un automóvil de combustión interna durante cientos de kilómetros.
Ante este panorama, iniciativas pioneras como The Green Anesthesia Initiative han demostrado que la transición hacia flujos de gases bajos, la priorización de alternativas con menor impacto —como el sevoflurano— y la sustitución de equipos obsoletos permiten reducir hasta en un 50% las emisiones directas del quirófano en un solo año, manteniendo métricas de seguridad clínica impecables y sin efectos adversos postoperatorios en los pacientes.
De la investigación científica a la práctica hospitalaria en México
Los hallazgos internacionales envían un mensaje directo y urgente para los directores de hospitales, jefes de servicios médicos, anestesiólogos e ingenieros biomédicos en México.
La transición hacia una “medicina verde” o sostenible en los centros de salud nacionales ya no puede considerarse una opción cosmética o de relaciones públicas; es una necesidad operativa y financiera basada en tres ejes fundamentales:
- Tecnología de bajo flujo y monitoreo avanzado: La actualización de las máquinas de anestesia es prioritaria. Los equipos de última generación integran sistemas de control de flujo micrométrico, analizadores de gases en tiempo real y tecnologías de circuito cerrado que evitan fugas a la atmósfera y optimizan el consumo de fármacos, lo que genera ahorros económicos considerables para el hospital.
- Eficiencia energética y gestión de residuos quirúrgicos: Un quirófano verde también optimiza los sistemas de climatización y purificación de aire —filtros HEPA y manejadoras de aire—, los cuales consumen entre tres y cinco veces más energía que el resto del edificio hospitalario. Reducir el desperdicio de materiales de un solo uso no reciclables complementa la estrategia de sostenibilidad integral.
- Valor basado en resultados clínicos: Es fundamental demostrar que la reducción de la huella ecológica va de la mano con una mejor calidad de atención. Los protocolos de anestesia verde optimizan la recuperación postanestésica, reducen la incidencia de náuseas y vómitos inducidos y mejoran la seguridad general del paciente quirúrgico.
Menos emisiones, misma excelencia y seguridad clínica
El futuro de la medicina no solo dependerá de cuánto avance la tecnología, sino de cómo se utilice para proteger simultáneamente la salud de las personas y la del planeta.
Transformar los quirófanos mediante anestesia de menor impacto, equipos eficientes y una gestión responsable de energía y residuos demuestra que la sostenibilidad no exige sacrificar la excelencia clínica. Por el contrario, abre la puerta a hospitales más eficientes, seguros y preparados para responder a uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo: cuidar la vida sin comprometer el entorno que la sostiene.
Referencia:
Use of greener anesthesia protects patients and the environment. (20 de febrero de 2025). Institute for Healthcare Policy & Innovation (IHPI), University of Michigan. Recuperado el 14 de agosto de 2026.