De la investigación universitaria a aplicaciones con impacto industrial
En el mundo de la bioingeniería, donde los retos tecnológicos y las necesidades sociales convergen, surgen historias que redefinen lo que significa innovar desde la academia. En esta edición de Voces de la Industria, conversamos con el Dr. Gabriel Ascanio Gasca, miembro de la Academia Mexicana de Ingeniería, editor en jefe del Journal of Applied Research and Technology y parte del equipo que desarrolló el primer estómago artificial en México.
Como mencionamos, su trayectoria incluye la participación en el desarrollo del estómago artificial, un prototipo que permite estudiar los procesos digestivos con un nivel de realismo sin precedentes, optimizando tanto la investigación farmacéutica como la educación médica. Ha dedicado más de una década al diseño de un simulador gástrico fisiológicamente comparable al estómago humano, un proyecto pionero iniciado en Alemania que hoy representa un hito en la comprensión de la digestión artificial.
El origen de una idea visionaria
“De 2011 a 2013 tuve la oportunidad de hacer una estancia sabática en una empresa alemana; estuve dos años allá y tuve la oportunidad de trabajar con un simulador que desarrollaron en Holanda”. Allí nació la inquietud de transformar un simulador convencional en un dispositivo con la misma forma y funcionamiento del estómago humano.
En ese momento puso sobre la mesa la idea que había surgido:
“Le dije al jefe que tenía en Alemania: ‘oye, ¿por qué no más adelante desarrollamos un simulador, pero fisiológicamente más parecido al estómago humano, que no sea un conjunto de tubos, sino que tenga la misma forma que tenemos en el estómago humano?’”, recuerda el Dr. Gabriel Ascanio Gasca.
Ese respaldo inmediato abrió la puerta a un proyecto de cuatro años que se sostuvo en la convicción de que la ciencia debía acercarse más a la realidad fisiológica. No se trataba de un conjunto de tubos o de una representación simplificada, sino de reproducir los ciclos, presiones y tiempos que caracterizan al estómago humano adulto en condiciones reales.
Superar los desafíos técnicos
La innovación no avanza sin tropiezos. Uno de los momentos más críticos fue la creación del saco estomacal a través de impresión 3D.
“El desarrollar los moldes para llegar al saco estomacal fue un dolor de cabeza, porque no salían; llevaba mucho tiempo, fue mucho de prueba y error. Esa parte nos llevó un año entero”, relata.
Una vez logrados los moldes, la integración del resto de los instrumentos resultó más sencilla. Sensores de presión, catéteres y accesorios se fueron sumando hasta dar forma a un dispositivo único en su tipo.
Esta experiencia confirmó que el camino hacia la innovación no es lineal: requiere paciencia, resiliencia y la capacidad de improvisar cuando las soluciones convencionales no funcionan.
Impacto en la industria y la academia
Aunque pudiera pensarse que este tipo de proyectos busca directamente beneficiar a los pacientes, su alcance inicial ha estado en la industria alimentaria y farmacéutica. El simulador permite analizar con precisión cómo se desintegran los alimentos o el tiempo de disolución de un fármaco en condiciones reales, algo que los métodos tradicionales no logran con la misma fidelidad.
“En la industria de alimentos pueden desarrollar un alimento y nosotros les podemos dar, cuando menos, los resultados de cómo se va a desintegrar el alimento que desarrollaron”, explica el Dr. Gabriel Ascanio Gasca.
Con ello, se reduce la incertidumbre antes de lanzar un nuevo producto al mercado. Mientras que, en el caso de un producto farmacéutico, permite conocer cuál va a ser el tiempo de su disolución en condiciones reales.
La academia también tiene aquí una misión clara: conectar la investigación con problemas de impacto social:
“La academia está muy interesada en que todos nosotros, como académicos, participemos en problemas que tengan impacto social”, subraya el Dr. Gabriel Ascanio Gasca.
Obstáculos para la innovación
La resistencia al cambio es uno de los frenos más fuertes. En México, la industria farmacéutica aún prefiere utilizar dispositivos más económicos y menos sofisticados, aunque no reflejen condiciones reales.
“Prefieren seguir utilizando estos dispositivos, que son mucho más económicos, a utilizar dispositivos más sofisticados que sí trabajan en condiciones reales, pero se requiere una inversión mucho mayor”,advierte el Dr. Gabriel Ascanio Gasca.
El financiamiento ha sido otro gran reto. Tras el respaldo inicial de la empresa alemana, el proyecto se sostuvo con apoyos limitados de la universidad:
“Convencer a la industria de invertir en proyectos como este es muy complicado. Cuando ven los resultados, lo clásico es: ‘me hubieras dicho antes’”, mencionó el experto.
Frente a esta realidad, la creatividad fue clave; pues el equipo recurrió a proveedores alternativos y descubrió, por ejemplo, que un catéter para medir presión podía costar 130 pesos en China frente a los siete mil que valía en Estados Unidos, sin afectar el desempeño.
“Entonces, buscando por todos lados y viendo que el resultado es el mismo, logramos subsanar esta parte de la falta de financiamiento”, afirma el Dr. Gabriel Ascanio Gasca.
Hacia un ecosistema más abierto
En un país donde la innovación suele permanecer limitada entre los laboratorios y la industria, el Dr. Gabriel Ascanio Gasca resalta la necesidad de fortalecer la conexión entre academia, industria y gobierno. Señala que México requiere un enfoque más integrado basado en el modelo de la “triple hélice”, donde la colaboración efectiva va más allá de la generación de tesis, artículos o presentaciones, promoviendo resultados concretos que impulsen el desarrollo tecnológico y social del país.
Para ilustrar cómo se traduce esta visión en acción, Ascanio comenta: “Lo que desarrollamos son prototipos listos para aplicarse en la industria. México requiere una conexión mucho más estrecha entre los sectores académico, industrial y gubernamental”.
En los países desarrollados, la industria confía en las universidades para impulsar investigaciones de largo plazo, fortaleciendo la capacidad de innovación y el desarrollo tecnológico sostenible. En México, sin embargo, las empresas tienden a concentrarse en resolver problemas inmediatos, relegando la construcción de capacidades duraderas. Esta discrepancia restringe el potencial de innovación del país y limita su competitividad en el ámbito global.
Inspiración para las nuevas generaciones
La formación de talento es uno de los temas que más lo apasionan; desde su rol como editor de una revista científica internacional, observa que la capacidad de los estudiantes mexicanos no tiene nada que envidiar a sus pares extranjeros.
“Hay que hacerles creer que lo que hacemos en México tiene exactamente el mismo nivel que en el extranjero; la única diferencia son los recursos”.
Para él, el reto es motivar a los jóvenes a confiar en lo que hacen en México y a emprender desde la academia con empresas de base tecnológica. El entusiasmo de los estudiantes que han trabajado en su laboratorio, algunos de los cuales después han fundado sus propios proyectos, es una de sus mayores satisfacciones.
El futuro de la bioingeniería digestiva
El camino por recorrer en la bioingeniería es amplio y lleno de posibilidades. El desarrollo de prototipos de órganos, como riñones, hígado o corazón, permite simular enfermedades y probar tratamientos sin poner en riesgo a los pacientes, dejando un vasto campo abierto para la investigación y la innovación.
“Por ejemplo, comprender cómo funcionan los riñones y crear un prototipo que emule su actividad. Esto nos permitiría estudiar las patologías que podrían surgir y, al mismo tiempo, explicar al paciente la necesidad de un trasplante, pero desde fuera, sin que él tenga que experimentar directamente”, comenta el Dr. Gabriel Ascanio Gasca.
Según el Dr. Ascanio, estos avances no solo transformarían la investigación biomédica, sino que también podrían cambiar la manera en que se comunica y se toman decisiones sobre tratamientos complejos, sentando las bases para una evolución más profunda en la metodología científica. Precisamente, más allá de los simuladores físicos, el siguiente gran paso estará en los modelos computacionales, que permitirán explorar escenarios que antes eran imposibles de evaluar.
El futuro consiste en poder introducir un alimento o un fármaco en la computadora y obtener de inmediato una estimación de su comportamiento, sin depender de largas pruebas físicas. Esta integración de bioingeniería y herramientas digitales, incluida la inteligencia artificial, promete acelerar procesos y abrir nuevas fronteras en la investigación, llevando la innovación biomédica a niveles inéditos.
Un legado de impacto social
Al mirar atrás, el editor en jefe del Journal of Applied Research and Technology, considera que lo más valioso de su trayectoria en bioingeniería no ha sido únicamente el avance tecnológico, sino el entusiasmo que generan estos proyectos en los estudiantes y el interés que despiertan en la sociedad cuando se comunican en un lenguaje cercano.
“Para mí, lo más satisfactorio es ver a los estudiantes convencidos y contentos hablando de sus proyectos, y que la gente se interese en iniciativas que nacen desde la academia”, comenta con entusiasmo.
El Dr. Ascanio Gasca recuerda que todo proyecto innovador comienza con una idea y con la disposición de alguien que crea en ella. En una anécdota personal relata:
“Cuando llegué con mi jefe en Alemania y le hablé de un simulador en forma de J, me escuchó cinco minutos y me dijo: ‘Hazlo, ¿cuánto necesitas?’. Esa confianza lo cambió todo”.
En un contexto donde la innovación a menudo enfrenta resistencias y limitaciones, este tipo de historias demuestra que el cambio surge de ideas respaldadas por confianza, perseverancia y visión. La bioingeniería mexicana posee un potencial enorme para transformar tanto la industria como la salud, siempre que existan personas dispuestas a creer en su impacto a largo plazo.