IP y gobierno: de la mano por la salud

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04 Octubre 2019 Gabriela Rivera/Grupo Expansión

Alianzas público-privadas: factor clave para el éxito y el crecimiento del sector, con grandes beneficios para la población.

 

La detención oportuna de enfermedades es un tema que preocupa al  sistema de salud, no importa si es en el sector público o privado. Y la creación de unidades diagnósticas universales podrían ser una solución para atender este problema, pero también podrían ser la herramienta que ayude a consolidar la alianza entre ambos sectores.

 

Héctor Valle Mesto, director de la Fundación Mexicana para la Salud (Funsalud), explica que este modelo implica una clínica construida y equipada por un privado, pero que puede ser utilizado por cualquier institución, gracias a la portabilidad que puede desarrollar el sistema de salud.

 

“Son tantas las oportunidades, precisamente por las carencias y la necesidad de acceso, que debemos acelerar los temas. Y el gobierno ya nos dijo que están abiertos a revisar la propuestas de las unidades diagnósticas universales”, explica el especialista.

 

Si bien esta es una propuesta, ya hay otros casos de éxito de la alianza público-privada que ya han dado beneficios a la población. Por ejemplo, los servicios de hemodiálisis que se brindan a pacientes con daño renal, o las operaciones de cataratas que hacer el sector privado para desahogar los servicios públicos.

 

Aunado a estos servicios las mastografías, la atención perinatal, las quimioterapias para cáncer y otras atenciones médicas se subrogaron a los particulares, durante muchos años, a través del extinto Seguro Popular y en la mayoría de los casos fueron servicios exitosos, en los que la población se vio beneficiada por una atención de calidad a tiempo.

 

Apoyo para los hospitales públicos

 

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es otro que contrata los servicios de particulares para desahogar sus clínicas. Apenas en febrero pasado, el director de prestaciones médicas del organismo, Víctor Hugo Borja, admitió que la institución eroga 12,000 millones de pesos (mdp) anuales para el pago de estos servicios. 

 

El presidente de Funsalud reconoció que hay casos en los que esta alianza no funcionó por distintos factores ––entre ellos corrupción, malas prácticas, falta de pagos––, pero aseguró que estas prácticas se pueden eliminar para asegurar que el modelo funcione, como ya ocurre en otros países.

 

Sin embargo, todavía existen muchos proyectos en los que se pueden trabajar conjuntamente y que aún no se han dado por diversos factores, pero sobre todo por la falta de confianza que existen en los dos sectores.

 

“La parte más importante es empezar con una relación de confianza, no pensar que el otro te está intentando afectarlo. Hoy vemos que muchas veces que el privado cree que el gobierno lo quiere afectar, o viceversa, y debemos construir una relación basada en la confianza”, explica Valle Mesto.

 

No obstante, el gobierno debe abordar al sector privado como parte de la solución, como un aliado estratégico, sostiene Patrick Devlyn, presidente de la Comisión de Salud del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Y añade: “Hay actores que perciben al sector privado como si fuéramos el enemigo a vencer y que solo lucramos con la vida y la salud de la población”.

 

El sector privado también debe lograr la integración de los distintos jugadores, para hacer una sinergia efectiva que incremente el acceso efectivo a los servicios de salud a un precio más bajo. 

 

“Falta mucha más capacidad de integración de los distintos eslabones del sector privado de salud y hacerlo nos convertiría en una opción viable, así como en un aliado estratégico más complementario y eficiente”, reconoce Devlyn, en autocrítica al sector.

 

A medida que estos sectores resuelvan estos problemas, ambos pueden pensar en la creación de una agenda conjunta, pues tienen objetivos en común ––como la atención de enfermedades no transmisibles, el abasto de medicamentos, la prevención, mejores políticas públicas y mayor infraestructura––, pero todavía no se ha plasmado en un documento conjunto.

 

Puede sonar complicado, pero tanto Valle como Devlyn aseguran que existe una voluntad del gobierno para atender los temas que les preocupan a los sectores y que deben ser atendidos de inmediato.

 

Y Devlyn puso como ejemplo el etiquetado de los alimentos procesados, que finalmente pudo reformarse gracias a un trabajo conjunto entre ambos actores y la colaboración de las organizaciones no gubernamentales, para tener información más clara y precisa de los productos.

 

“No lo calificaría como un caso de éxito todavía, pero sí se está convirtiendo en un proceso colaborativo que, de lograrse mantener, sí podremos llamarlo un caso de de éxito”, puntualiza el integrante del CCE.

 

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